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“Para revocar al alcalde, para revocar al alcalde”

by en 02/18/2013

Por: Sonia Monroy

Hace unos días, cuando salía de la estación de Transmilenio, me llamó la atención lo que unos jóvenes gritaban mientras sostenían unas planillas en la mano. “Para revocar al alcalde, para revocar al alcalde”, era lo que estas tres personas exclamaban mientras sostenían esferos que acercaban a la gente para que se animara a firmar. La revocatoria del mandato, tanto de alcaldes como de gobernadores, es una herramienta de participación ciudadana, que todos tenemos el derecho y el deber de usar. Lo curioso, sin embargo, es que aunque existe este mecanismo consagrado en las leyes 131 y 134 de 1994 y modificado por la ley 741 de 2002, ningún alcalde ha sido destituido al amparo de esta herramienta, por lo cual o tenemos muy buenos alcaldes o hay problemas mayores con las leyes o la misma ciudadanía. No obstante hablar de buenos y malos alcaldes es un arma de doble filo y una generalización apresurada, no es posible afirmar que no se ha destituido ningún alcalde mediante este mecanismo porque todos hayan sido “buenos”, pues algunos han empeorado la situación de sus ciudades por malas contrataciones y pésimas administraciones. Tampoco se puede caer en la trampa de indicar que no se han presentado solicitudes de revocatoria de mandato, pues por poner un ejemplo, desde enero a septiembre del 2009, hubo 30 peticiones de este tipo. Para entender este suceso citaré un ejemplo más reciente y más ilustrativo. El hoy representante a la cámara Miguel Gómez radicó la solicitud de revocatoria de mandato el pasado 2 de enero e inició el proceso de recolección de firmas para destituir al alcalde de Bogotá Gustavo Petro. Presentó siete puntos en los cuales se mencionan el deterioro de la movilidad, daños ambientales, el caos del sistema de basuras, entre otros. Sin embargo a esta iniciativa le queda un largo camino que recorrer, por un lado debe recoger un mínimo de 289,263 para que AL MENOS le reciban la solicitud, y después, si la Registraduría encuentra válidas estas firmas, se convoque a una votación para decidir si efectivamente se le revoca el mandato al alcalde, teniendo en cuenta por supuesto que el 55% de los votantes que hayan votado el día de elección de alcalde hace un año lo aprueben.
Hay que tener en cuenta, evidentemente, que no puede ser tan fácil revocar a un alcalde, o viviríamos destituyendo y eligiendo alcaldes cada vez que cambien el sistema de basuras y nos dejen con la ciudad al revés. No obstante el mecanismo y el proceso para hacerlo tampoco puede ser imposible, porque, hay que aceptarlo, a veces es increíblemente necesario hacer uso de este. Aunque a las leyes 131 y 134 les hayan hecho una modificación muy importante (haberle quitado restricción a los firmantes), todavía los inconformes siguen enviando solicitudes y siguen quedándose en las primeras instancias del proceso. Por otro lado, Humberto de la Calle, en una intervención para eltiempo.com, afirma que “…en Colombia no hay una verdadera cultura de participación” y que es la “apatía para participar” y “la falta de sentido verdaderamente democrático y de apropiación de lo público” lo que hace que este tipo de iniciativas no prosperen. Volviendo a la historia con la que comencé el artículo, las personas que salían del Transmilenio les ponían poco o nada de atención a estos jóvenes, a tal punto que estos optaron por gritar tal cual plaza de mercado. Hay que reflexionar entonces, si las leyes que nos confieren mecanismos de participación ciudadana como la revocatoria de mandato son accesibles y realmente funcionan, o/y si los colombianos conocemos y nos interesamos lo suficiente para utilizar canales esencialmente democráticos para expresar nuestra inconformidad y hacer respetar nuestros derechos. Hay que esperar como le va a la iniciativa del representante Miguel Gómez, entre críticas y aplausos, que sea lo mejor para los bogotanos.

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9 comentarios
  1. Esta reflexión me parece muy interesante, porque plantea el problema de tener derechos de participación que probablemente son muy poco efectivos. Sin duda alguna, la revocatoria es uno de ellos. Creo, sin embargo, que la afirmación de Humberto de la Calle está desconociendo un posible factor por el cual los ciudadanos no participan activamente: porque saben que la burocracia y la corrupción, entre otros obstáculos, entorpecen este tipo de mecanismos. Sería interesante conocer las razones que tiene una parte de la población civil para no movilizarse frente a aquello que la tiene inconforme.

    También creo que habría que preguntarse por la naturaleza de la revocatoria, pues en algunas ocasiones puede ser tomada como una herramienta para que la “oposición” busque despojar del cargo a quien ya lo tiene. Sería importante que la “oposición” (la pongo entre comillas por su poca credibilidad) se hiciera antes de las elecciones y que la ciudadanía entendiera la importancia no sólo de votar por su candidato predilecto, sino por informar a los demás en cómo debe hacerse un voto responsable.

  2. Lamentablemente no hay una cultura ciudadana en torno a estos procesos legítimos y que merecen toda la seriedad del caso. En todas las pasadas alcaldías de Bogotá vemos estas propuestas de revocatoria. Yo personalmente no voté por el alcalde y no comparto la gran mayoría de medidas en su administración. Pero estas propuestas de revocatoria a veces tienen un componente de oportunismo politico de quien las impulsa y eso nos desmotiva a muchos de los que no vemos favorablemente al alcalde. Ojalá quien liderara ese proceso de revocatoria fuera alguien que de verdad le haga una oposición seria y objetiva al alcalde, pero en Colombia vemos que la figura de la oposición casi que no existe, cuando la hay es por frivolidades y no por temas de fondo que son los que al final deberían prevalecer.

  3. La revocatoria del mandato de un alcalde no es un tema para subestimar.En las últimas semanas, así como lo evidencia la columna, se han repartido por la ciudad personas con listas esperando que los ciudadanos firmen a a favor de la revocatoria del actual alcalde de Bogotá Gustavo Petro. De igual forma esta columna puntualiza la importancia de este mecanismo de participación ciudadana, a pesar de su poca efectividad. Cabe resaltar que sólo serán válidas las firmas de aquellas personas que figuren en estas listas que hayan votado para las elecciones de alcalde correspondientes al período 2012-2015. Lo anterior legitima la acción de la revocatoria, en caso de que esta sea efectuada y le da el poder a los que ejercieron su derecho al sufragio en su debido momento. La opinión de la columna es clara, no se le da la suficiente relevancia los mecanismos de participación ciudadana ya sea por desconocimiento o desinterés de la ciudadanía. Aunque tal vez se deba a la falta de efectividad de los mismos. Me gusta mucho la manera en la que está redactado, ya que a partir de una experiencia construye un argumento para exponer su posición con respecto al tema.

  4. Es muy válido e interesante que la autora de la columna de opinión no se enfrasca, como la gran mayoría de personas hoy en día, en el ya conocido debate de destituir o no al acalde Petro. Creo que toca un tema igual o más importante que es el involucramiento y la participación ciudadana en la política. La idea de tener una democracia en donde la sociedad sea indiferente, no participe y no se interese por la situación de cierto país o ciudad, debería considerarse como una democracia a medias. Es evidente que en Colombia hemos tenido alcaldes y gobernadores bastante mediocres, y a pesar de esto, y de las barbaries que han cometido, jamás hemos sido capaces de revocarlos mediante firmas. Mencionando un ejemplo reciente y cercano, el caso de Samuel Moreno es una muestra clara de que a pesar del robo que le hizo a la ciudadanía, la sociedad nunca se organizó para tumbarlo. La destitución de Moreno se dio gracias a las denuncias de Petro en una rueda de prensa, en donde dio a conocer el carrusel de contratación y otros temas de corrupción.
    Por otro lado, creo que así como los políticos y los partidos son encargados de invitar y convencer a los ciudadanos para votar, deben hacer lo mismo en momentos de revocar cierto mandato. No estoy diciendo que toda la responsabilidad debe caer en ellos, pero al ser líderes y conocedores del tema, deben ser los que tomen la iniciativa. (También es muy válido que la iniciativa germine de la sociedad, pero no nos digamos mentiras, sin apoyo de un político o de un partido es bastante complicado que prospere) Un político elegido o un partido se supone que tienen poder de convocatoria, un mayor conocimiento y un mayor acceso información, lo cual debe ser usado para el bien de la población. En el caso de que se detecte alguna anomalía o corrupción, los dos actores mencionados deben entrar y analizar el caso, para ver si es necesario invitar a recolectar firmas para revocar.
    En síntesis, creo que la revocatoria de mandato mediante firmas debe ser un proceso conjunto entre políticos y ciudadanos, en donde ambos se involucren y expresen sus puntos de vista, para poder reflexionar y decidir qué hacer pensando siempre en el bien común. En el caso de Petro, el señor Gómez ya lleva un buen tiempo recolectando firmas y hasta ahora nada de nada. ¿Será que en el fondo la administración del alcalde no ha sido tan mala y la gente no lo quiere tumbar?

  5. Es evidente que la autora de esta columna se ha informado de manera eficaz sobre las leyes que amparan una revocatoria del mandato, también es interesante ver como se realiza un analisis frente a la ausencia de revocatorias, la cuestión es entender el por qué de esta situación.
    Podría aveces considerarse como una falta de interés por parte de la ciudadanía o si en efecto existe interés no es suficiente como para lograr llevar a cabo una medida tan extrema como lo sería una revocatoria. Este ánimo y determinación de las personas que estaban recogiendo firmas en las calles, hacen pensar en qué los motiva de manera tajante para revocar al alcalde Petro, aparte de su inconformidad con la forma en la que ha venido gobernando en estos ultimos dos años.
    Son entonces ellos totalmente conscientes de que los esfuerzos que están realizando por esta acción de revocatoria, pueden ser en vano? Gracias a esta columna entendemos de manera un poco más clara como esta iniciativa de revocar el mandato de un alcalde no ha sido llevado a cabo nunca, y no sabemos si esta sea la primera.

  6. Esta columna de opinión me parece que aborda el tema desde una perspectiva que le permite al lector sentirse identificado con lo que se narra. Al empezar con una anécdota se refuerza el sentido de realidad de los hechos que giran en torno al actual alcalde de Bogotá, que ha suscitado incontables polémicas debido a sus recientes acciones. Con la referencia a las leyes que permiten la participación ciudadana en la destitución de un alcalde o gobernador por medio de una revocatoria del mandato, se hace una crítica explícita a la inutilidad de tales normas si no son conocidas o implementadas por los ciudadanos para hacer valer sus derechos y opiniones. Porque sentarse a criticar la alcaldía actual es muy fácil, recalcando el mal manejo que ha tenido Petro de sectores públicos de gran interés, como lo fue el escándalo de las basuras. Pero de ahí a tomar el paso de decidir hacer algo al respecto hay un camino, que se ve obstaculizado además por los embotellamientos procesales que implica proponer una revocatoria mediante firmas. El ejemplo lo pone la autora a través de la figura de Miguel Gómez, lo que reivindica la lucha de quienes lo intentan, pero explica también por qué la mayoría de esas luchas nunca pasan de la primera instancia.

  7. Laura Hamon permalink

    Resulta muy interesante el acercamiento que se hace de una situación fundamental en el acontecer político Bogotano por medio del relato de una experiencia que cree que no pocos de mostros hemos presenciado en los últimos días. El hecho de que se evidencie el bajo uso que se ha hecho de este mecanismo puede ser pista como la afirma la columna de una creciente apatía política por parte de la ciudadanía o como se comentó anteriormente debido a la baja creencia en la efectividad de estos mecanismos. Considero que ambos motivos se encuentran conectados en tanto es probable que uno pueda causar al otro. En un país con una historia de baja capacidad institucional es muy probable que la ciudadanía deje de creer en las instituciones y prefiera elegir la apatía a vivir indignado.
    Por otra parte creo que se deja de lado la opción, tal vez no mayoritaria, de personas que consideran que la revocatoria a un alcalde además de ser un proceso engorroso (como se demuestra al explicarlos mecanismos para lograrla) puede llegar a entorpecer aun más el desempeño de la alcaldía actual… Mejor dicho, eso es mucho “pereque”.
    Sin embargo considero que el mecanismo planteado actualmente podría llegar a tener un mayor éxito que intentos anteriores debido a los antecedentes recientes de la última alcaldía. El caso de Samuel Moreno, creo, ha sido un abrir de ojos para la ciudadanía Bogotana que en la actualidad tiene ya no una actitud criticona de la política, sino que de forma critica solicita una mejor gestión de sus recursos y un mejor desempeño por parte de sus representantes.

  8. G.asprilla permalink

    es una posición, con un tono “neutral” y con un análisis empírico, que le brinda legitimidad al mismo, hace un análisis interesante de un problema, que sin embargo no menciona explicitamente, como la acción colectiva, me hubiese gustado ver mas el elemento acerca de la falta de incentivos que tienen los bogotanos para la revocatoria del alcalde. Sin embargo teniendo en cuenta la extensión (a mi parecer adecuada para una columna) contiene datos interesantes e informativos que le permiten al lector anteceder lo que seguramente será el fracaso de la iniciativa de revocatoria de Petro.

  9. Muy buen artículo considero que esta bien redactado y que expresa muy bien la idea de la autora.
    En cuanto a las ideas en sí, es curioso ver como la revocatoria del mandato, que fue uno de los grandes logros en cuanto a participación de la Consititución del 91, no se haya utilizado nunca para destituir a un alcalde. Es bueno que el artículo aclare que no se debe caer en la trampa de pensar que todos son buenos o malos sino que lo anterior puede estar relacionado a otras variables como la poca preocupación ciudadana o escasa cultura de participación. Una variable que creo importante mencionar son los requisitos que se deben cumplir; es decir, los altos porcentajes que se exigen para la revocatoria pueden que se hayan convertido en un obstáculo para la ejecución de dicho mecanismo.
    En conclusión creo que la revocatoria del mandato es un instrumento de participación democrática que en sí ha sido nulo y poco eficaz en la práctica en el sentido de que no ha sido utilizado. Fue creado para que la sociedad, luego de cumplir con ciertos requisitos, pueda hacer que el Consejo Nacional Electoral retire la credencial de un funcionario público en este caso el del Alcade de Bogotá. Lo curioso de este instrumento es que para la revocatoria pueden participar todos los ciudadanos sin importar si votaron el día de las elecciones o no; lo anterior sería un poco injusto con las personas que votaron por las políticas de Petro y confían en su labor. Debería ser un instrumento utilizado por ese porcentaje que votó por el y que luego no está de acuerdo con su labor

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